lunes, 15 de octubre de 2018


La honradez del asesino
Se cumple un año desde  que  el mayor, o uno de los mayores incendios que asolaron Galicia  se produjera.
Manos  criminales encendieron la candela, para abrasar y arrasar miles de hectáreas, calcinar medios de subsistencia y de paso  segar 4 vidas elegidas al azar por la voracidad de las llamas.
Hay una serie de personas, los llamados asesinos profesionales, (Sicarios),  que  mediante contrato no escrito, pactan con alguien la muerte de otro “alguien” por un precio determinado.
Las razones que llevan a contratar a un sicario nunca las he entendido, creo que no es necesario matar a nadie para cambiar el rumbo de una empresa, de un país o de una sociedad, pero con mucho esfuerzo  llegaría a entender que alguien pague a alguien para matar a alguien; en definitiva es su maldad, su sed de venganza y sus ansias de matar a “fulanito” en concreto.
Después de muerto el fulano en cuestión,  las cosas se calman y todo sigue igual, salvo el consiguiente trabajo de la policía para localizar, detener y poner en manos de la justicia al  ajusticiador y a su  pagador.
Lo que nunca entenderé que, es un cafre se agarre a unas pastillas inflamables le meta fuego a un monte. Me parece el más execrable de los crímenes.
Este malnacido,  no mata a un ser humano en concreto;  mata una forma de vida, mata un mundo natural, que ha tardado centenares de años en crecer, mata los ahorros y el sacrificio de cientos de familias, que dedicaron su vida a construirse una casa y un futuro familiar y social en torno a ella ; y de paso, sin que medie precio, odio, sed de venganza o cualquier otro motivo matan a inocentes, a familias que ni siquiera conocerán  a gente que ni siquiera odian, a gente anónima que todo su delito ha sido tener una casa en esa zona y  no haber  tenido la capacidad de huir de las manos asesinas del pirómano.
Este tipo de asesinos debían ser tratados con la máxima dureza por las administraciones de justicia, esta gente no solo mata una vida, mata cientos de vidas, cientos de proyectos, cientos de ilusiones, cientos de sagas familiares que vivieron plácidamente, luchando por salir adelante en localidades circundadas por esos bosques.
Para mí un incendiario es un asesino en serie, es un depredador ecológico, un sasesino sin escrúpulos, un ser que no merece  el menor sentimiento de piedad.
Todos sabemos que el pirómano, es consecuente con lo que hace y que desde su salvajismo sabe el daño que puede causar con sus actuaciones y no le importa  calcinar un bosque y quemar a sus ocupantes.
Diría como acabar con los pirómanos, pero  entonces me consideraríais un pirómano más.


No hay comentarios:

Publicar un comentario