miércoles, 22 de noviembre de 2017

PROVOCAR SENTIMIENTOS

Habitualmente en la prensa, en la radio en la tele, o en las situaciones diarias de nuestra vida cotidiana, hablamos de algo que nos “PRODUCE” sentimientos, tales como cariño, pena, alegría, odio, ternura…
Estoy convencido que ninguna de las imágenes que vemos o de las situaciones a las que nos sometemos PROVOCA esos sentimientos.
Nada en la vida provoca sentimientos.
El hecho de  ver a un perro abandonado, hace a unas personas reaccionar con tristeza, a otras con  ternura y en otras o tal vez en las mismas  haga aflorar el odio más intenso hacia quien ha generado esa situación, maltratando al animal.
Sin embargo en otras personas, ver a ese perro lacerado, les hace sentirse a gusto, satisfechos,  felices.
Ver morir a un toro en una plaza,  a una paloma de un disparo o a un cordero degollado en una fiesta ritual, hace que los sentimientos que afloren en unos o en otros sean diametralmente opuestos, según de quien se trate.
Tener conocimientos de la violación de una niña, a casi todos nos desata un sentimiento de odio, de sed de venganza, de agresividad hacia el autor de esa felonía, en tanto que a él, le ha hecho sentir un placer intenso, al menos momentáneamente, tanto que  en cuanto pueda, volverá a ejecutar tan miserable acción, para volver a experimentar esos sentimientos de placer y lujuria.
Por otra parte encontramos personas, con sensibilidad cero, que  no inmutan ante cualquier noticia, sea agradable o desagradable; que siguen su camino y comiendo o bebiendo tranquilamente, aunque presencien  las mayores atrocidades y vean en la pantalla cadáveres  de niños y adultos, cubiertos de sangren medio de una plaza donde una bomba ha sembrado el caos.
Vemos cada día como hay personas que  derraman lágrimas ante  una circunstancia nimia a los ojos de otros, y por el contrario también vemos a quienes se alegran del dolor ajeno regodeándose en la desgracia y el sufrimiento de los demás, aunque no les conozcan, lo hacen sencillamente porque  su carga  de odio ya venía de fábrica.
Vemos incluso en personas que  gritan, lloran de emoción, aplauden, jalean a ídolo del equipo de sus amores, que aplaudían a rabiar cuando fichó por  su club, y que en el momento de marcharse a otro, por unas legítimas aspiraciones de mejora salarial o estatutaria, pasa de ser un héroe idolatrado a ser un villano vilipendiado al que se desean toda clase de males y las alabanzas primigenias se convierten en los más atroces insultos-
Quiero decir con esto, que a mi manera de ver, nada, absolutamente nada GENERA sentimientos en  nosotros,  los sentimientos están incluidos en el ADN de cada una de las personas.
Unas tienen más sentimientos de ternura, de amor, de cariño, y cuando  acurre una situación, esos sentimientos “AFLORAN”,  se manifiestan y salen al exterior como un torrente de un manantial, en el que hemos hurgado previamente.
Sin embargo, no podemos sacar agua de una roca, no podemos hacer que salgan sentimientos de bondad en  seres insensibles, no podemos  extraer de personajes abyectos, sentimientos de bondad o de cariño.


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